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Descubre por qué la salsa bechamel es el ingrediente clave que transformará tus platillos favoritos en una experiencia gourmet.

La versátil salsa bechamel, fundamental en la gastronomía, no solo realza platos gratinados y croquetas, sino que también se adapta a dietas contemporáneas con variantes sin gluten.

La salsa bechamel se posiciona como una de las bases más apreciadas en la cocina mundial. Esta preparación clave en la gastronomía francesa permite crear desde lasañas hasta croquetas y gratinados, gracias a su versatilidad y su capacidad para mejorar el sabor y la textura de numerosos platos. Considerada una de las cinco salsas madre de la culinaria francesa, la bechamel ha trascendido fronteras y adaptaciones, consolidando su relevancia tanto en cocinas caseras como en la industria alimentaria.

Un origen en la corte francesa y evolución histórica

La bechamel nació en la Francia del siglo XVII y está ligada al refinamiento de la corte de Luis XIV. Se cree que Louis de Béchameil fue el creador, aunque el perfeccionamiento y sistematización de la receta llegaron más tarde, gracias al chef Antonin Carême en el siglo XIX. Curiosamente, antes de su presencia en Francia, ya existían versiones similares en Italia bautizadas como salsa colla, que los cocineros italianos llevaron a territorio francés durante la época de Catalina de Médici. Sin embargo, sería la tradición francesa la que definiría el estándar técnico y el nombre que hoy conocemos.

La ciencia detrás de una salsa indispensable

La importancia de la bechamel radica en su estructura química, que aporta una textura cremosa y firme a los platos. El secreto consiste en cocinar mantequilla y harina en partes iguales para formar un roux blanco, al que luego se añade leche caliente. Este proceso desencadena la gelatinización del almidón de la harina, logrando el cuerpo sedoso característico de la salsa. Gracias a esta composición, la bechamel soporta altas temperaturas en el horno, protegiendo la humedad interna de las preparaciones.

Ingredientes de la salsa bechamel tradicional

  • 50 gramos de mantequilla
  • 50 gramos de harina de trigo
  • 1 litro de leche (preferentemente a temperatura ambiente o tibia)
  • Sal al gusto
  • Pimienta blanca al gusto
  • Nuez moscada, idealmente recién rallada

Paso a paso: cómo elaborar la bechamel perfecta

  1. Derrite la mantequilla en una cacerola a fuego bajo y, una vez líquida, incorpora la harina. Remueve de manera constante durante dos o tres minutos para eliminar el sabor crudo del cereal y obtener un roux blanco.
  2. Agrega la leche gradualmente, manteniendo el batido constante para evitar la formación de grumos. Utiliza una varilla para homogeneizar la mezcla.
  3. Mantén la salsa a fuego lento hasta que espese y adquiera la textura deseada. Durante este proceso, incorpora sal, pimienta blanca y nuez moscada, ingredientes que le dan su perfil sensorial característico, siendo la nuez moscada clave para realzar el sabor lácteo.

Versatilidad y variantes de la bechamel en la actualidad

Hoy, la bechamel tiene múltiples aplicaciones en cocinas profesionales e industriales, donde actúa como base para alimentos precocinados y salsas derivadas como la Mornay. Su utilidad va que el tiempo de cocción y la proporción de harina determina el tipo de salsa, permitiendo preparaciones desde una bechamel espesa (ideal para croquetas, con hasta 120 gramos de harina por litro) hasta una versión más fluida perfecta para napar carnes o verduras.

La innovación en la gastronomía ha impulsado variantes modernas de esta salsa. Se incluyen leches vegetales o harinas sin gluten, con el objetivo de adecuarse a necesidades dietéticas contemporáneas, siempre respetando la técnica básica de emulsión y espesado. Estas adaptaciones hacen que la bechamel conserve su rol protagónico en recetas tanto tradicionales como adaptadas a diferentes estilos de vida.


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